ARGELIA 11/7/2012: Indecisión, temor y vuelta a las relaciones con Libia

Argelia continua indecisa en cuanto a extraditar o no a los familiares de Gadafi que acogió en agosto del 2011. Lo ha demostrado con su silencio en la última reunión de la Unión del Magreb Árabe, celebrada el 9 de julio de 2012 en Argel y liderada por el ministro de relaciones exteriores de Libia, Achour Ben Khayyal, que propuso discutir el asunto de las extradiciones de antiguos funcionarios del régimen de Gadafi para facilitar su enjuiciamiento en Libia. Mientras que Túnez ya ha tomado una postura firme al extraditar a M. Gaghdadi, exprimer ministro de Gadafi,  Argelia mantiene el asilo de parte de la familia  del dictador escudándose en  «cuestiones humanitarias». Sigue leyendo

Payasos sin Fronteras: Provocando la risa entre tiendas de campaña

Entre el 23 de abril y el 2 de mayo, un equipo de Payasos sin Fronteras se dirigió al campo de refugiados de Choucha, situado en Túnez, donde se refugian más de 3.000 personas, entre ellos 500 niños (150 de ellos sin familia). La mayoría son ciudadanos que huyeron hacia Libia por la mala situación de sus países de origen. Con la caída de Gadafi, también se vieron obligados a abandonar Libia. El conflicto y su piel oscura, (muchos de ellos son negros), convertía a estos civiles en el blanco de las represalias del bando triunfante. Durante el gobierno de Gadafi, los negros que vivían en Libia  eran considerados sus aliados. Muerto el presidente, la población negra de este país se ve perseguida, sea realmente seguidores del expresidente o no. Los ciudadanos desplazados hasta Choucha son civiles que nada tienen que ver con el conflicto ni con supuestos apoyos al régimen. Igualmente se ven perseguidos y desde hace 15 meses viven entre tiendas de campaña. Su futuro por el momento es difuso. Entre dificultades y la complejidad que supone vivir refugiado, la risa es la mejor aliada para, si no olvidar, deshacerse de los problemas durante unas horas.

 

Los hombres libres, oprimidos entre árabes

مَا يش اَلجَير غِير بَا بنش
Proverbio bereber: “Cada uno acaba recogiendo lo que produce”
En esta ocasión hemos querido conocer quiénes son los amazigh o bereberes y cuál es su situación en dichos países. Para ello hemos conversado con el marroquí Said El Farisi (‘Sefaw’, en bereber) e Idir Boundaoui, natural de Argelia.

A pesar de su nacionalidad de origen, ambos son bereberes. La principal diferencia entre ellos radica en la identidad que cada uno define para sí mismo. Mientras que Said reivindica su sentimiento como marroquí, Idir afirma no considerarse argelino, tiene su propia definición de estado: “Ser argelino o marroquí es algo administrativo que no tiene relación con mi identidad y por ello nunca me he sentido identificado como tal. Yo soy bereber”.

Mahmud Jibril: “Sería una pena dejar que Gadafi siguiera mandando después de muerto”

“La revolución en Libia no ha empezado”, sentenció Mahmud Jibril el pasado 28 de marzo en una conferencia que tuvo lugar en Casa Árabe. “Lo hará cuando nos sentemos a hablar de cuestiones esenciales para crear un nuevo sistema con el que los libios se sientan tan iguales como el resto de los ciudadanos del mundo”.

El político libio, primer ministro interino del Consejo Nacional de Transición Libio de marzo a octubre de 2011, considera que es necesario un esfuerzo que debe provenir de todos los sectores de la sociedad. Ese esfuerzo, una vez materializado, hará efectivos los cambios en el país, y “es posible que los que actualmente tenemos entre 50 y 60 años no veamos los resultados de estos cambios, porque es un proceso que exige al menos 25 años, y que necesita de una gran planificación”. Sigue leyendo

Alberto Arce: “Comprender a la gente es mucho más complicado que verla morir”

“No creo que nadie se esperase que leyesen sus derechos a Gadafi”
 
 
 

“No hay nada peor que un periodista con prisas”. Así es como finaliza Alberto Arce su reciente libro, Misrata Calling, prologado por Javier Espinosa (El Mundo), donde recoge en 181 páginas todo lo que vivió en la ciudad libia durante la revolución que llevó a los rebeldes, con la ayuda de los bombardeos y la exclusión aérea de la OTAN, a ganar la guerra contra Muammar Gadafi.

La idea de escribir el libro surge de la frustración de su autor al no poder transmitir todo lo que desearía en el documental que le precede, Misrata: Vencer o morir, “y de la sensación de coitus interruptus que me genera el documental. Ves 1000 horas, grabas 60 y muestras 50 minutos. No me llega. Soy un ansioso”. La necesidad de contar más, de transmitir aquello que no puede llegar al público a través de las imágenes le llevó a redactar el texto, partiendo del guión del documental. Sigue leyendo