La vida errante del nómada digital

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Viajar ya no es solo una opción turística. Ahora, y más que nunca, hacerlo con un ordenador en la mochila y muchas ganas de conocer mundo es la tendencia de quienes se autodenominan “nómadas digitales”. Buena conexión a internet, un trabajo adaptado a la Red y espíritu aventurero son los ingredientes necesarios para conseguirlo.

El joven alemán Fabián Dittrich ha atravesado África en un Mercedes, ha pasado por Francia, Rumanía, Turquía, Tailandia e Inglaterra. Ha vivido la magia de Marruecos, Mali o Jamaica, y aunque lleva un tiempo trabajando en el norte de Chile, en los próximos días cruzará Perú de la mano de su proyecto Startup Diaries. En su mochila, y después de cuatro años decidiendo cuál será su próximo destino, lleva guardados los recuerdos de más de treinta países. El motor que le impulsa es la pasión por descubrir lo diferente. Cree que “el mundo es un libro y quien no viaja sólo lee una página”, que diría San Agustín.

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Rincones con sabor español para expatriados

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Vivir lejos de casa y de la familia siempre es difícil, pero se hace un poco más llevadero cuando hay cosas que siguen siendo las de siempre. Por eso algunas tiendas online envían todo tipo de marcas y productos españoles, de los de toda la vida, para que la estancia en el extranjero sea más llevadera.

Rosa echa de menos el pescado y el marisco frescos, la horchata, las anchoas y los churros con chocolate; Toñi, el tomate frito de una marca concreta (“cuate, ¡aquí hay tomate!”); Isabel, el jamón serrano; Julia, el queso manchego y Guillermo, el queso fresco de Burgos. Laura añora las Campurrianas; María, las setas y la colonia Nenuco. A Helena le faltan las chirimoyas y las alcachofas.

Ellos son algunos de los miles de expatriados españoles que, por una u otra circunstancia, viven fuera de nuestras fronteras. Lo que echan de menos son productos mediterráneos y marcas nacionales que algunas veces tienen equivalentes en sus países de acogida, pero que nunca saben ni huelen igual que en la propia tierra.

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