Turismo emprendedor: llevar un negocio no es incompatible con ver mundo y tomarse vacaciones

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¿Por qué limitar la actividad de tu empresa a las cuatro paredes de tu oficina? Es más, ¿por qué limitarla a una ciudad o un país? Abre las puertas de tu empresa y sal. Sal y tómate unas vacaciones. Eso sí, al estilo emprendedor: en busca de una nueva experiencia que enriquezca tu proyecto, que te permita ver mundo y, por qué no, que te sirva para tomarte un respiro. Bienvenido al turismo emprendedor.

Sin miedo a viajar a la otra punta del mundo, decenas de freelances y emprendedores se lanzan a la aventura. Se trata de elegir un destino interesante, buscar el establecimiento adecuado, hacer las maletas y viajar para aprender, tomar ideas y ponerlas en práctica después en tu proyecto empresarial.

Uno de estos establecimientos lo regenta Carlos de la Lama Noriega, que desde hace un par de años trabaja en Silicon Valley. Su espíritu emprendedor y sus ganas por conocer y entender la cultura empresarial de otros lugares le llevó hasta la meca de las startups.

Sin embargo, De la Lama no es el único. De hecho, hoy son numerosas las agencias que organizan viajes, ofrecen alojamiento y espacios de coworking pensados casi de forma exclusiva para esos emprendedores y sus iniciativas. Pero, como no todo va a ser trabajar y emprender, estas agencias también reservan tiempo para que, entre reunión y reunión,puedan darse un baño en la playa o relajarse en la montaña.

Startup Embassy es uno de esos proyectos. La iniciativa del propio Noriega buscaba solucionar uno de los principales problemas a los que se enfrenta el viajero emprendedor en la cuna de las empresas tecnológicas: encontrar un lugar asequible donde dormir. Habitualmente son personas que se quedan en allí entre dos semanas y un mes, aunque también los hay que están un año.

Teniendo en cuenta que la noche de hotel en Silicon Valley puede costar 150 euros, muy pocos podían permitírselo. Sin embargo, vivir en “la casa” de esta español (con doce camas, cocina y espacio para reuniones) viene a costar unos 39 euros la noche, lo que ha facilitado la vida a unas 1.100 personas de 50 países diferentes desde 2012, como él mismo ha explicado a Traveler.

No solo en Silicon Valley existen establecimientos como este. Hay otros con el mismo objetivo en muy diversas partes del mundo. Tal vez no todos pretenden aprovechar el ecosistema empresarial del lugar (porque en algunos sitios es poco más que inexistente), pero sí ofrecen una vía de escape a emprendedores ligeros de equipaje que quieren conocer a otros emprendedores mientras viajan en busca del buen tiempo.

Un buen ejemplo es The Surf Office, con sede en Gran Canaria y Santa Cruz (California).Dos espacios de coworking con alojamiento que ofrecen un lugar de trabajo, con vistas al mar, donde concentrarse. Su creador es Peter Fabor, un diseñador que trabajaba en la República Checa hasta que decidió hacer las maletas y marcharse hasta las islas españolas en busca de un buen clima y comodidad.

También había viajado a Silicon Valley, donde pasaba los fines de semana en Santa Cruz. No era el único. Otros muchos fundadores de startups viajaban hasta allí en ocasiones, porque no querían estar todo el tiempo en las ciudades del valle o en San Francisco. Gente que prefería vivir en la playa y que, a poco más de una hora, podían hacer sus negocios en el sitio apropiado.

Más que una necesidad

El emprendedor Aline Mayard ha tenido que viajar a muchos sitios en poco tiempo por cuestiones laborales. Cree que esa experiencia le ha hecho más productivo, creativo y pacífico. Pensó que muchas otras empresas podrían beneficiarse de un ambiente de trabajo distinto al habitual, por lo que decidió instalar su proyecto, The Blue House, en Taghazout, un pequeño pueblo costero al sur de Marruecos.

¿Su filosofía? “No te preocupes por nada porque nosotros lo preparamos todo”. Se ha convertido en un punto de encuentro con el ambiente óptimo para que startups como la nómada Maptia, que pasó por allí, tengan espacio para pensar y llevar un estilo de vida y de trabajo más saludable. Sus programas suelen durar un mes y se desarrollan en un recinto donde un puñado de empresas conviven, se conocen, crean redes, comparten y colaboran.

Mayard cree que cambiar de ambiente te reinicia el cerebro, “las ideas fluyen”, te liberas de la vida cotidiana, no necesitas asistir a reuniones inútiles ni a eventos a los que no quieres ir. En Taghazout “todo es diferente”. Mayard no usa zapatos, se despierta y mira las olas, no coge el metro, “trabajo mejor y me siento mejor”. Pero deja claro que, para él, el turismo empresarial no es ir de vacaciones, sino descubrir nuevas ideas de negocio que hay que aprovechar a toda costa.

Mientras tanto, Inés Silva y su proyecto Startup Tour han pasado por Berlín, Londres, Milán y Dublín. Se trata de una agencia de viajes que acerca a incipientes empresarios, les permite madurar sus ideas, encontrar nuevas oportunidades y conocer inversores, incubadoras y aceleradoras. Y es que, más allá del alojamiento, es imprescindible que los emprendedores conecten entre ellos, “algo que el hotel no te permite. Al contrario, te aísla, vende ese aislamiento”, explica Noriega. La conexión se convierte en una necesidad.

Explica Fabor que la intención de este tipo de proyectos es que vayas a trabajar a un sitio donde hay diez personas diferentes que, a su vez, van cambiando cada semana. “Es una comunidad que atrae a otros”. Una comunidad que también ayuda al recién llegado a sentirse bien. Al final “quienes duermen en un mismo espacio, desayunan, comen juntos, lo hacen también con emprendedores”, explica Noriega.

Trabajar en el mismo coworking en el que se duerme hace que personas que hasta hace dos días no se conocían de nada puedan trabajar hasta las tres de la mañana de forma conjunta, parar a descansar e incluso regalarse una cena o “hacer una barbacoa”. Así todo queda en familia y se construyen relaciones intensas, los empresarios se asocian… Pero esto “es como casarse: no te casas con cualquiera, tampoco te asocias con cualquiera”.

Al final estos proyectos aportan al emprendedor lo que necesita. Aprenden de otros, encuentran nuevos clientes… Y todo gracias a un sofá compartido “en el que nos podemos sentar y contar nuestras necesidades”.

Otra experiencia es la de Carlos Hernández, que creó junto a Peter Fabor The Tech Beach,un servicio que, también desde Gran Canaria, ofrece alojamiento y catorce días de trabajo para rediseñar un producto tecnológico. “Permite que sigas trabajando en tus proyectos y a la vez vivas fuera de casa y no estés en una oficina”, explica.

Hernández suele pasar tiempo en la isla y en Berlín para conocer otras formas de trabajar. “No haces un turismo tradicional. Eres viajero pero no desconectas, no haces solo ocio, es una mezcla. Somos viajeros emprendedores”.

Fotografía principal: Peter Fabor.

Publicado en Traveler, por Lucía El Asri. 

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