¿Has tenido que volver a casa de tus padres? Declárate príncipe de esta micronación Leer más: ¿Has tenido que volver a casa de tus padres? Declárate príncipe de esta micronación

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Superar la veintena y volver a casa después de años de independencia es una situación difícil. Por eso nace ‘Lah Lah Land’, una peculiar micronación que afronta la adversidad con buena cara

Daniela Gilsanz vive en un piso compartido de dos dormitorios. Su habitación está adornada con el arte que ella misma creó cuando era más pequeña, y amueblada con un modesto armario, dos escritorios, una cómoda, baño propio y una litera sobre la que descansa un edredón de lunares.

Esta joven estadounidense nació y creció en el barrio de Manhattan, en Nueva York, pero voló del nido para estudiar diseño industrial en Rhode Island. Hace un mes, cuando se graduó, su vida dio otro giro de 180 grados: tiene 21 años y acaba de volver al piso de dos dormitorios. Cuando se asoma a la ventana ve la concurrida y lluviosa calle de La Gran Manzana que creía haber dejado atrás. Cuatro años después, su viejo compañero de piso sigue ahí: un madrileño que aún la ve como la niña que pintó aquellos dibujos que adornan las paredes. Su padre.

Ha vuelto a casa, pero algo ha cambiado. Técnicamente ya no vive en el hogar paterno, sino en una pequeña parte de Lah Lah Land, la micronación digital que ella misma ha fundado con el objetivo de crear comunidad entre todos esos jóvenes que, igual que ella, se ven forzados a volver al nido una vez finalizados sus estudios.

Naciones minúsculas, voluntarias y online

La suya es una más de la larga lista de micronaciones, estados autoproclamados sin reconocimiento oficial por parte de los otros países, que han surgido a lo largo y ancho del planeta. Lugares distintos, alejados de las políticas y los gobiernos que a muchos ya no representan, de los contextos sociales donde ya no pueden o quieren encajar. Nuevos espacios donde reina el humor y que solo son posibles gracias al apoyo de internet. Ofrecen a sus ciudadanos la oportunidad de formar parte de una comunidad naciente, esta vez por voluntad propia.

“Sin internet, Lah Lah Land no se habría podido propagar más allá de la gente que conozco, y no tendría la legitimidad de un sitio web”, explica Gilsanz aTeknautas. La red hace que sea muy sencillo conocer a otros ciudadanos con afán de ser independientes, y ver cómo evolucionan sus vidas y cómo prosperan tras lograrlo. También hace posible fundar una nación online que tiene su presencia física en lugares muy dispersos. “Un país auténtico”, con sede en la aldea global, cuyos ciudadanos no se conocen en persona, de momento, pero están en permanente contacto a través de redes sociales.

Ahora la habitación de Gilsanz es un principado adherido a la federación de Lah Lah Land, de la que forman parte otros treinta príncipes y princesas. Su mapa cambia constantemente, en función de las personas que entran y salen de casa de sus padres. Actualmente, los principados/habitaciones están en territorios de Estados Unidos, Inglaterra y Brasil. Su capital, como no podía ser de otra manera, se encuentra rodeada por las calles de la lluviosa ciudad de Nueva York.

No hay un gobierno único ni ministros comunes, tampoco un solo monarca o presidente de la micronación. “Todos somos iguales: princesas y príncipes de nuestras habitaciones”. Gilsanz, que se hace llamar Princess G en su dormitorio, explica que cada gobernante tiene legitimidad para declarar su propia lengua oficial. En Lah Lah Land no hay leyes específicas ni generales que obliguen al conjunto de los ciudadanos: cada principado se rige por sus propias normas.

Tampoco han declarado una moneda oficial, así que emplean la divisa más común en las naciones cercanas. Si algún día decidieran tenerla, habría precedentes. La micronación de Woodland Patchwork, en territorio japonés, adoptó Bitcoin; y Enclava, entre Croacia y Eslovenia, se decantó por Dogecoin como una forma de diferenciarse y vincularse aún más al componente online que garantiza su existencia.

Lo que sí comparten los principados de Lah Lah Land es su bandera: una tela azul, roja y blanca que representa, de forma ligeramente distorsionada, el plano de la habitación de Gilsanz. “Era importante que la bandera tuviera significado y se convirtiera en algo oficial”, nos cuenta la princesa, y que se pudiera adaptar a logotipos, páginas web y otros soportes de cara al futuro.

Un estigma social

La idea de fundar una federación de dormitorios se le ocurrió hace algunos meses, cuando muchos compañeros de clase hablaban del estrés que les estaba provocando volver a casa de sus padres. Daniela había estudiado los ejemplos de micronaciones concretas, como la de Tolosa o Sealand, y había aprendido “cómo iniciar tu propio país” con la ayuda de una serie de la BBC. Conscientes del estigma social que conlleva la pérdida de independencia, decidieron formar una comunidad para apoyarse mutuamente, a escala global y gracias a internet.

“En Estados Unidos se tiende a ver como negativo volver con los padres después de la graduación”, afirma Gilsanz. Una percepción que sigue existiendo aunque la crisis económica haya hecho que cada vez más jóvenes se vean obligados a hacerlo. “Lah Lah Land se creó con la esperanza de contrarrestar ese punto de vista”, y con la idea de que no se sientan solos ni avergonzados por tener que depender de sus padres. Es un consuelo y una defensa contra los prejuicios de una parte de la sociedad, pero también una manera de tomarse con humor y positividad una situación que no va a durar para siempre. Vivir con la familia de forma temporal “es algo totalmente comprensible”.

Gilsanz cree que también puede ser una iniciativa para fomentar la comunicación entre padres e hijos. Su caso es un buen ejemplo: con sus padres divorciados, crear la micronación y formar parte de ella le ha servido para abrir un diálogo con ellos, romper el hielo y decidir con quién quería compartir casa.

Cualquiera puede ser ciudadano de esta micronación, pero antes debe responder a un simple cuestionario que incluye detalles como el tamaño de su habitación; si tiene cocina, baño, espacio de trabajo o armarios propios; y si quiere ser reconocido como príncipe, princesa o de otra forma. El único requisito fundamental para pertenecer a Lah Lah Land es verse obligado a volver a casa de los padres y poder declarar la independencia del dormitorio con respecto al resto de la casa.

Teniendo en cuenta que las principales organizaciones internacionales no reconocen las micronaciones, la mejor forma de crecer y conseguir un amplio respaldo es que los propios ciudadanos se reconozcan entre ellos, defiendan su nación como una unidad independiente y exijan que otros lo respeten. Internet se encargará del resto.

Publicado en Teknautas (El Confidencial), por Lucía El Asri.

 

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