La peligrosa moda del ‘brain hacking’: “ponerse un electrodo en el cráneo de forma voluntaria no puede ser bueno”

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Un sencillo dispositivo compuesto por varios electrodos, un par de cables, algunas almohadillas y una pequeña batería es lo único que necesitas para fabricarte un aparato con el que “estimular” tu cerebro. Solo tienes que colocártelo en la cabeza y aplicarte pequeñas descargas eléctricas. Por supuesto, esto no es una recomendación, sólo una forma de explicar el ‘brain hacking’, la última moda delirante que circula por la Red. ¿Tú lo harías en casa? Los expertos no lo recomiendan…

Quienes lo practican dicen que les hace más felices, mejora su inteligencia y soluciona problemas de salud. Al común de los mortales, sin embargo, en principio le suena peligroso. Así que para conocer si esta práctica cuenta con algún aval científico, en HojaDeRouter.com hemos hablado con un grupo de neurólogos. Pero, antes que nada, ¿en qué consiste exactamente el ‘brain hacking’?

Se trata de una adaptación casera de la técnica conocida como tDCS(estimulación transcraneal de corriente directa), y que consiste en aplicar – en laboratorios clínicos y de forma controlada – pequeñas descargas de electricidad en el cerebro con el objetivo de tratar determinadas patologías. Bueno, la aplicación no se hace directamente sobre el órgano, sino de forma superficial, sobre la piel o de manera subcutánea (entre piel y cráneo).

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“Bajo condiciones de control en un laboratorio, hay evidencias de que se trata de algo seguro que puede ayudar a modificar el rendimiento de tareas cognitivas, además de ser efectivo para enfermedades cerebrales”, explica a HojaDeRouter.com Marom Bikson, profesor de ingeniería biomédica en la Universidad de la Ciudad de Nueva York que ha llevado a cabo una amplia investigación sobre el tDCS, advirtiendo de su mala aplicación en el ámbito casero, publicada en la prestigiosa revista Nature

   Tratamiento controlado

El neurólogo mexicano Carlos Castillo Hernández, que trabaja para el Hospital Clínico de Barcelona, está de acuerdo con Bikson y recalca que esta práctica sólo tendrá buenos resultados “si se lleva a cabo en laboratorios, con máquinas estandarizadas y con controles de calidad”, aunque de momento sus beneficios y perjuicios continúan investigándose.

Como explica Pedro Bermejo, neurólogo de la Fundación San José, existen procesos de neuroestimulación similares, pero más avanzados, que consisten en introducir un electrodo en el cerebro para tratar enfermedades como el Parkinson, o incluso dolores de cabeza pronunciados. Y hace algunos años se llevaban a cabo terapias electroconvulsivas (TEC) para tratar transtornos depresivos “que no respondían a tratamientos médicos convencionales y en algunos casos estaban relacionados con la esquizofrenia”, nos explica el doctor Nieto González, neurólogo en el Hospital Quirón de Barcelona. De estas técnicas surge la nueva, dudosa y casera moda del ‘brain hacking’.

   ¿Qué consecuencias tiene hacerlo en casa?

El doctor Bermejo asegura que no se puede permitir “en absoluto que la gente comience a ponerse electrodos en la cabeza por propia decisión”. Aunque reconoce que el método puede tener utilidad para tratar patologías concretas como la migraña o la parálisis facial, advierte de que sólo es así se lleva a cabo bajo la supervisión de un especialista y por recomendación médica.

Una utilización no profesional de estos experimentos puede derivar en lesiones cutáneas causadas por la corriente eléctrica, pero también puede afectar a nervios o a las estructuras internas de la cavidad craneal. “Desde luego, ponerse un electrodo en el cráneo de forma voluntaria no puede ser bueno”, recalca este neurólogo. Y es que podría llegar a causar, incluso, y en casos extremos, la muerte, tal y como afirma Castillo Hernández. “Por eso los aparatos que suelen utilizarse en el ámbito clínico tienen que cumplir normas estrictas”, agrega.

En un caso controlado, en el hospital, se le suelen colocar al paciente algunos electrodos en partes específicas del cerebro, durante un tiempo específico – de entre 10 y 30 minutos como máximo – y con unaintensidad de corriente determinada, habitualmente medida en amperios. Quienes lo hacen en su casa se descargan 9 voltios o más, dependiendo de la persona.

“Pero no es nada prudente hacerlo en casa, a pesar de que son aparatos muy sencillos de fabricar”, explica este neurólogo. ¿Por qué? Porque las corrientes generadas por inexpertos pueden ser muy flojas o muy intensas, es algo complicado de cuantificar. Además, hay gente que puede pasar todo el día con el aparataje en la cabeza por su empeño – innecesario – de tratarse a sí mismo o automedicarse.

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   “Es posible que sea efectivo, pero no sabemos si es seguro”

“Si se hace en casa es imposible medir el resultado de un amperaje  y de un tiempo no controlados. Es más, seguramente se aplique en cualquier región, con cables e instrumentos que no están estandarizados. Es posible que sea efectivo, pero no sabemos si es seguro” precisamentepor la falta de control, añade. Además, como asegura el doctor Nieto González, sus principales efectos secundarios son amnesia (temporal o permanente) y estados de confusión, por lo que el proceso debe ser supervisado por un médico.

Bikson, por su parte, asegura que, a pesar de que existen algunos dispositivos que son anunciados como aptos para su uso en el hogar, no se han probado en ensayos testados, por lo que la comunidad clínica y científica, en general, no aprueba el uso de la neuromodulación – como el tDCS – en el ámbito casero.

    ¿Mejora la inteligencia?

A pesar de que quienes se aplican esta técnica de forma casera creen que uno de sus beneficios es aumentar la inteligencia al estimular el cerebro –e incluso mejorar las aptitudes matemáticas del individuo-, el doctor Castillo Hernández asegura  que ni siquiera en los casos que se llevan a cabo bajo supervisión médica el individuo se vuelve más inteligente, aunque sí puede mejorar su capacidad de aprendizaje.

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“Sabemos que favorece un poco la concentración y también que, en ciertos ambientes controlados, mejora las pruebas de actitud y la destreza manual de quienes se someten al experimento”. Pero para que algo así suceda es necesario que el tratamiento se utilice como un refuerzo que acompaña a un aprendizaje. Los doctores Bermejo y Nieto González aceptan su tesis. Este último asegura que no sólo no te hace más inteligente, sino que “implica producir pequeñas lesiones en zonas determinadas del parénquima cerebral”.

   Consecuencias ambiguas incluso para experimentos controlados

¿Las consecuencias? “El problema es que no las conocemos con certeza”, asegura David A. Pérez Martinez, jefe de neurología del Hospital Infanta Cristina. Explica que, a pesar de que hay ensayos clínicos que se han hecho con aparatos homologados, los resultados obtenidos son muy ambiguos. Aunque parece que podría servir en casos de rehabilitación, para corregir ictus o depresión, “la mayor parte de las investigaciones no han encontrado un beneficio claro y, las que lo han hecho, avisan de que serán necesarios más estudios en la misma línea”, comenta.

Así que, si esto se traslada al ámbito casero, “el beneficio es más dudoso y probablemente inexistente. Incluso el peligro puede estar en que uno se equivoque al hacer el aparataje y pueda sufrir lesiones cerebrales”, añade el neurólogo.

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   Y es que…no es un  juego

Un artículo de Bikson publicado en la revista científica Nature y titulado “Los dispositivos transcraneales no son juguetes”, advierte de que la tDCS no debe confundirse con maquinaria improvisada o prácticas que funcionan aplicando electricidad en el cerebro. Y añade que “no deben ser permitidas”, porque un proceso de este tipo tiene que seguircontroles específicos y estar sujeto a instrucciones precisas. “Jugar con el tDCS es potencialmente tan peligroso como hacerlo con la composición de un medicamento. Los esfuerzos de los investigadores para comprender los riesgos y beneficios del tDCS no deben ser interpretados como una invitación a realizar estas prácticas”.

Pero, como puede verse en este vídeo, algunas personas en la Red animan a practicar este tipo de “tratamientos”, e incluso explican paso a paso cómo ponerlos en marcha:

   Precaución sin alarmismo

El neurólogo Pérez Martinez intenta no ser alarmista y espera que la aplicación casera de esta técnica no se generalice y, en todo caso, que quien la ponga en práctica no lo haga de forma exagerada – aplicando una carga realmente elevada de electricidad o de una forma demasiado directa. De esta forma, entiende “que no tendrá un peligro vital a menos que esas descargas lleguen a repercutir en el corazón y la persona sufra una parada cardiaca”, explica. “Por el momento no conozco ningún caso de lesiones graves por este motivo”, sentencia. Y comenta que una de las ventajas que avalan a quienes utilizan este tipo de técnicas es su “relativa seguridad”.

Castillo Hernández opina que respecto a este tipo de nuevos métodos “hay mucho charlatán” y siempre que “alguien investiga una técnica para la posible recuperación o avance en la lucha contra una enfermedad, hay gente que la intenta aplicar en cualquier caso”. Pero destaca que aunque se lleva investigando sobre el tema entre 10 y 15 años, aún no hay nada totalmente comprobado.

Pedro Bermejo, por su parte, recuerda que el problema está en que se lo aplique cualquier persona en un lugar que no deba y con un voltaje desvirtuado. Los neurólogos consultados concluyen que, antes de crear tu propio estimulador cerebral, es necesario pararse a pensar en las posibles consecuencias. Nieto González aclara que, en caso de que alguien necesite activar o mitigar ciertas funciones de este órgano por alguna razón concreta, es preferible que lo haga bajo supervisión médica, ya que puede evitar efectos “secundarios potencialmente graves e indeseables”.

Vamos, que el ‘brain hacking’ es muy peligroso. La conclusión está bien clara: ni se os ocurra probarlo en vuestras casas.

Lucía El Asri en Hojaderouter.com 

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