Ponte en su lugar: yo no sería capaz de saltar

Valla de Melilla (Foto: noborder network, Flickr)

Valla de Melilla (Foto: noborder network, Flickr)

Esta mañana escuché a alguien en el metro que gritaba: “¡Lo que tendrían que hacer todos los inmigrantes es volver a sus países, ya verás cómo se solucionaba esto del paro en un momento!”. Yo le contesté a la señora que lo decía -como creyéndose cargada de razón- : “ahora los españoles también se están marchando a otros países en busca de una vida mejor, ¿Qué deberían hacer esos lugares de acogida con ellos?.

Supongo que es sencillo no ponerse en la piel de quien tiene que saltar la valla. Porque, total, nosotros estamos demasiado agustito en nuestra casa, con una manta y un plato de sopa todos los días. O, mejor dicho, con nuestra tele de plasma, nuestros partidos Real Madrid- Barsa, y el vermú de los domingos con los vecinos.

Me viene a la memoria una conversación que tuve hace poco con un amigo marroquí. Yo le preguntaba: ¿Por qué te manifiestas? ¿Quieres que pase como en Egipto o en Siria? Él me dijo: “Piensa en algo…¿alguna vez has dejado de cenar porque tu madre no tenía más comida en casa?, ¿Has visto morir en la puerta del hospital a alguien a quien amabas con el corazón, porque no había médico de guardia para atenderle, ni una ambulancia? ¿Has visto cómo una familia se quedaba sin padre al quedar éste sepultado bajo los escombros de un edificio derrumbado y que acababa de construirse -simplemente porque los gestores del edificio fueron unos corruptos y utilizaron el dinero de la obra con otros fines-?

Asociación Pateras de Vida

Asociación Pateras de Vida

 

¿Sabes lo que significa poder elegir? Yo no puedo elegir, nunca he podido elegir. No tengo esa opción. Tengo que vivir aquí porque a mi nadie me permite salir de estas fronteras. No me permiten irme de aquí porque no tengo la misma categoría que los europeos. Yo ahora decido luchar en contra de la corrupción y de la pobreza. Y mis límites están más allá de estas fronteras”, me decía el chico.

Y es que, ya digo, deberíamos pararnos a escucharles. Deberíamos pararnos para ponernos en su piel y preguntarnos: ¿Por qué saltan una valla – que en realidad son varias- llena de cuchillas que pueden dejarte sin brazo o incluso quitarte la vida? ¿Por qué vuelven a saltar cuando les llevan, de nuevo, a su punto de partida -justo al otro lado de la frontera, donde la penuria es tal que es preferible morir a malvivir-? ¿Por qué viven de forma permanente en un monte perdido en medio de la nada, a lo salvaje, esperando la mejor oportunidad para conseguir el “sueño europeo”? Tal vez, si nos detuviéramos un poquito, tal vez media hora, tal vez quince minutos, y les escucháramos…

Tal vez así se nos pasaría la tontería de superioridad. Y es que tú, seguramente, nunca hayas visto a tu hijo morirse de hambre mientras espera venir un futuro próspero que no le puedes dar. Porque tu hijo puede estudiar y prefiere pasarse el día fumando porros en la puerta del instituto, mientras que los hijos de ellos esperan con sus madres detrás de la valla –rezando a Dios para que papá no muera en el intento de conseguir vida más allá de unas fronteras-.

Valla de Melilla (Foto: noborder network, flickr)

Valla de Melilla (Foto: noborder network, flickr)

Qué quieres que te diga, pero yo no podría saltar. Tal vez porque no me atrevo ni a saltar una piedra…o tal vez porque estoy demasiado cómoda aqui, y no estoy en la necesidad de hacerlo. Nosotros lo tenemos todo.

¿Por qué saltan ellos? Tal vez lo hagan porque no les queda otra opción. Porque, seguramente, ya no tengan nada que perder. Ahora yo te digo -sí, a ti europeo, chulo playa, ese que no quiere saber nada de lo que le pasa al “otro”, porque debe de ser que te pilla demasiado lejos-: ¿Qué harías si tus hijos se murieran de hambre o de enfermedad, de pobreza? Que, tal vez, de 7, te vivieran 3.

O, ¿Qué harías con los hijos que nunca podrás tener a causa de esa pobreza? ¿Qué harías si no pudieras estar con el amor de tu vida porque de él te separa, también, otra valla? Ponte en su lugar y deja de mirarlos por encima del hombro porque ellos son negros y tú no. O porque ellos no tienen ni un duro y tú tienes hasta una casa en la playa -como la mujer del metro de esta mañana-. Qué fácil es deshacerse de lo que nos molesta, mientras no seamos nosotros quienes molestamos.

Escuchémosles, pongámonos en su lugar, y dejemos de juzgarles por intentar conseguir una vida mejor. Que tú también “viajas” a Nueva York para tener un trabajo mejor. Pero resulta que ellos “emigran” para quitarnos a nosotros el trabajo. ¿Verdad?

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5 comentarios en “Ponte en su lugar: yo no sería capaz de saltar

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  2. Creo que las razones personales de cada persona que intenta saltar la valla (esta y otras muchas) están claras. No hay mucho que decir y el que no las entienda, es que no tiene empatía ninguna hacia el sufrimiento humano. Otra cuestión diferente es qué podemos hacer desde aquí para parar esta catástrofe humanitaria. No es cuestión de subir más la valla, ni de poner más cuchillas sino de ayudar en serio en sus países de origen… aunque esto es algo que a muy pocos interesan desde los centros de poder en Europa.

    • Totalmente de acuerdo Moisés. El problema es que parece que, en ocasiones, nos resultan tan alejados de nosotros (a nivel cultural, geográfico, linguiístico…), que no nos podemos en su lugar. Los vemos como algo diferente, incapaces de adaptarse a nuestro entorno. Muchos incluso, les ven como una amenaza a la seguridad y a la supervivencia. Yo en absoluto creo que sea así. Es una pena que el ser humano se haya autoimpuesto barreras -ya no sólo geográficas, sino también por cuestiones de etnia, color de piel o religión-. Nuestras sociedades han llevado a nuestros vecinos ciudadanos a ser racistas y clasistas. Incluso, a desmerecer a los que difieren en algo con nosotros, por ser “los otros”, los supuetamente “diferentes”.
      Pero no nos paramos a pensar que nosotros hemos entrado en sus países, en muchas ocasiones hemos contribuído a sus guerras y les hemos robado todo lo que hemos podido y más. Ahora les dejamos a su suerte, no nos interesan. He ahí el problema de todo. Si esa gente no necesitara salir de su país, no lo haría -porque, de hecho, no creo que nadie quisiera salir de su entorno de confort, del lugar donde tiene su familia y amigos, para desplazarse a otro completamente diferente donde, seguramente, sea considerado raro y marginado-. Nos falta empatía, ponernos en el lugar de ellos que, muy probablemente, algún día sea el nuestro.
      Un saludo y muchas gracias!
      Lucía

      • Estoy muy de acuerdo con lo que dices y además añado que basta que haya un contexto de crisis en Europa para que surjan los recelos hacia la inmigración. Parece que no recordamos que Europa ha sido, a causa de todos sus conflictos durante el siglo XX, fuente de emigración hacia otros países. Olvidamos muy pronto esta Historia… El clasismo es lo que más me preocupa porque es cierto que el racismo (aun existente) está socialmente mal visto, pero el clasismo está bastante integrado en el pensamiento de la mayoría. Falta educación y concienciación para frenar la ignorancia, porque el racismo y el clasismo tienen origen en esta ignorancia, en el desprecio al diferente y en la falta de solidaridad humana.

        Un fuerte abrazo y enhorabuena por el blog.

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