Khaled Khamissi: «La figura del presidente sagrado no existirá más en Egipto»

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Lucía El Asri

Conversar con un taxista egipcio puede ofrecerte una visión interesante sobre lo que ocurre en las calles del país. A través de ellos se intuyen los problemas, las ambiciones, las quejas, e incluso las contradicciones que circulan por El Cairo. O, al menos, esa es la conclusión a la que se llega al acabar de leer Taxi, novela egipcia del escritor Khaled Khamissi (El Cairo, 1962), que recoge 58 historias sacadas de sus trayectos en taxi por El Cairo, entre 2005 y 2006. Autor, también, de El arca de Noé, nos encontramos con él en la recepción de Casa Árabe, donde tiene previsto participar en un debate sobre el futuro de Egipto.

Khamissi habla lento, como si quisiera degustar cada palabra. En ocasiones se olvida de su inglés para hablar en árabe, e incluso se atreve con el español. Parece haber perdido la fe en la política, describe todas las opciones como un “mismo color” que impiden avanzar a la sociedad egipcia, y las considera “fuerzas anticambio”. En su intervención aseguró ser reacio a conectar la libertad de expresión con la de información puesto que considera que los medios de comunicación no son más que cómplices del sistema.

Escribió Taxi años antes de que comenzara la revolución de 2011 en Egipto. Desde entonces y hasta ahora, ¿cómo ha cambiado la conversación con los taxistas?

El libro intenta contar qué ocurre en las calles de El Cairo, pero no sólo en un momento determinado, puesto que su objetivo es hacer llegar el espíritu, el alma, el sentimiento de ese lugar. Taxi habla sobre los taxistas y la clase pobre en Egipto, y su sentimiento no ha cambiado nada desde 2005 hasta ahora. Tenemos las mismas dificultades, nos enfrentamos a la misma corrupción, los mismos problemas existenciales. Continúa la pobreza, el sistema de justicia también sigue igual. Realmente, desde un punto de vista profundo, nada ha cambiado.

¿Era difícil hacer crítica a través de la literatura en Egipto? ¿Lo es ahora?

Bueno, yo no estoy nada de acuerdo en usar los términos “antes” y “después” cuando tenemos un proceso de cambio tan profundo. Respecto a la pregunta, siempre encontramos algunas limitaciones a la hora de escribir. Hay temas tabú, como hablar de la inexistencia de Dios, no es algo sencillo. Era una cuestión que no se podía tratar hace diez años, y ahora tampoco. Nosotros tenemos aspectos sociales sobre los que no podemos hablar, como en todos lados, y la revolución no ha acabado con ello, desafortunadamente. Pero guardamos la esperanza de poder romper con dichos tabús en nuestra sociedad y en todas las sociedades del mundo.

Y afirma al comienzo del libro que no va a publicar algunas conversaciones con los taxistas porque pueden ser perjudiciales para usted…

Algunas de ellas hablaban sobre gente específica de quienes yo no podía decir el nombre, puesto que después no tendría pruebas para demostrar lo que los taxistas me decían de esas personas. Pero hubiera pasado lo mismo en España o Reino Unido. La gente cuando habla en la calle siempre lo hace sin pruebas.

¿Por qué decidió escribir los diálogos de Taxi en dialecto egipcio?

Porque es un libro sobre las calles de El Cairo, sobre sus gentes. Una gran parte del libro está basada en diálogos. El diálogo es el protagonista. Y, normalmente, cuando usas este tipo de forma de narración, utilizas un lenguaje coloquial, el que se usa en la calle, el que hablamos en nuestra vida diaria. Para mí, escribir en árabe clásico sería muy cómico. No puedo imaginarme, de ninguna manera, a un taxista hablando en la lengua de un poeta árabe del siglo catorce. Sería algo ilógico.

Un día explicó que el éxito de su libro podía entenderse como parte de una revolución cultural. ¿Es posible establecer una conexión entre esa revolución y la de 2011?

Lo que llevamos viviendo en Egipto desde hace diez años es una revolución cultural, de pensamientos, de ideas, de sentido de vida…en la que participan millones de personas. Es una revolución basada en el sueño de un mañana mejor. Durante el camino hacia el mañana, muchos millones de egipcios –aunque no taxistas-, se enfrentaron a la cultura, de hecho, empezaron a venderse más libros, surgieron grupos musicales, cantantes… Se vivía, pues, una revolución cultural, que sigue su curso actualmente. No podemos decir que haya llegado a su cima, aún no, es un proceso, es algo continuo. Los taxistas no participan en absoluto en él, porque pertenece a la clase media. Es, incluso se podría decir, la revolución de una clase media superior, y los taxistas son gente pobre.

Uno de los taxistas de su libro dice: “El gobierno está muy asustado, sus piernas tiemblan, e incluso podríamos derribarle de un soplido” (en referencia a Mubarak). ¿Hubiera dicho lo mismo sobre Morsi?

Sí, exactamente, y lo decimos continuamente. De hecho creo que esto resume perfectamente la muerte de la política. El mundo de la política está muerto. Un gobernante (en Egipto) ya no volverá a ser considerado como sagrado. Será un tipo que venga, se quede unos años y que, tal vez, no sea bueno en absoluto y tengamos que echarle. Pero la figura de presidente sagrado no existirá nunca más en Egipto. La idea que ahora se plantea es que ya nada es definitivo, nada permanecerá hasta el final. Todo puede ser cambiado, y eso está en la mente de mucha gente en Egipto.

¿Qué pasó con Morsi?

Morsi cometió numerosos errores. Muchos más de los que podían ser tolerados. Lo hizo todo mal y cuando alguien hace las cosas así, la gente no puede evitar su enfado. Su lenguaje, su fachada, cómo elegía sus frases, cómo mantenía su imagen de presidente… era una catástrofe. Desde los primeros dos meses la gente hablaba de ello, incluso los que le habían votado. Conozco a muchas personas que le votaron y que consideraban que no podía continuar, que no podía ser presidente durante cuatro años. Y por ello, cuando Tamarrod comenzó a ponerse en contra de Morsi, casi treinta millones de personas firmaron su petición. Es tremendo. Esto se ha convertido en una nueva forma de democracia. Es una democracia directa. Yo firmo porque estoy en contra de este presidente. Y para hacerlo, relleno un papel con mi nombre, mi número de identificación y mi dirección. Y eso es una democracia directa. No a través de la vía de gente que me representa. Yo me represento a mí mismo directamente para decir: “Quiero a este presidente ahora”.

Pero algunos dudan del origen de Tamarrod…

El problema de Tamarrod es que mucha gente le dio más importancia de la que tenía. La idea es muy simple: si quieres que se vaya Morsi, firma la petición. Ya está. Esto no significa que Tamarrod tuviera un punto de vista político muy sofisticado. No son un partido, no son filósofos, no son científicos políticos, son personas jóvenes que formularon una petición, ya está. El problema es que la gente quiere más. Muy bien, has iniciado una petición, pero ahora dame tu opinión sobre algún aspecto concreto. Ellos no tienen esa opinión, de hecho pienso que no estaban muy preparados para tener reales puntos de vista sobre el futuro político en Egipto. Pusieron sobre su hombro más de lo que podían sostener. Y nadie puede poner sobre tus hombros veinte tanques porque moriría. Sin embargo, eso es exactamente lo que ha pasado… Iniciaron una petición, y después…ya está. Personalmente considero que su propuesta era muy buena. Tuvieron el apoyo de gente contraria a Morsi, sí. Tuvieron el apoyo del Ejército, quizás…Tuvieron el apoyo de cualquier movimiento en Egipto contrario a Morsi, ¿Por qué no?. Personalmente estoy en contra de Morsi al cien por cien, pero la gente habla de Tamarrod mucho más de lo que se puede.

Otro taxista hablaba sobre “el comienzo del fin” de Mubarak. ¿Estamos volviendo a ese momento? ¿Dónde está ahora la sociedad egipcia?

Podríamos decir que estamos en el camino hacia el final. Estamos en el proceso hacia el final pero, por el momento, no sabemos si la conclusión será buena o mala. El fin de la era Mubarak no ha llegado aún, todavía no hemos comenzado una nueva página. Permanecen las mismas ideas y pensamientos, la misma gente. El inconveniente es que muchas personas de países europeos, incluso en Egipto, hablan como si el momento “Mubarak” hubiera pasado. Respecto a lo que dijo seis años atrás el taxista que aparece en el libro, nosotros estamos aún a medio camino del final.

¿Se arrepiente de la revolución?

No, en absoluto. Pero no podemos hablar como si la revolución hubiera empezado y acabado. La cuestión es si la revolución que comenzó en 2011 es buena o mala. La revolución no ha terminado, está en proceso, no tenemos un antes y un después. La idea de ruptura es falsa, aunque todo el mundo hable de ello. Estamos en un proceso, y un buen proceso, por lo que yo estoy feliz. El resultado del mismo sólo depende de lo que hagamos, de lo que Egipto haga en los próximos años. Ya veremos. Seamos pacientes.

El poder contra las mujeres

Durante su intervención en Casa Árabe, el escritor habló sobre el régimen patriarcal que lidera el mundo. Según él, cuando el sistema envía a sus matones (los temidos ‘baltaguía’) a la calle, las primeras en retirarse del terreno son las mujeres. Las pruebas de virginidad que los militares en Egipto impusieron a aquellas que eran detenidas en las manifestaciones que tienen lugar desde 2011 no son más que una forma de proteger ese sistema patriarcal, asegura.

¿Cómo es actualmente la situación de la mujer egipcia?

La situación de las mujeres está totalmente relacionada con la revolución y con lo que está ocurriendo. La condición de las mujeres es exactamente igual que las condiciones sociales, que los asuntos de corrupción, que la de los tabús que hemos mencionado al principio, o que los asuntos relacionados con libertad y censura. Nos enfrentamos a muchos y grandes problemas, y tenemos que darles solución. Precisamente, porque estamos en la misma página de ignorancia, fealdad y estupidez, tenemos muchos problemas como la condición de la mujer en Egipto. Aún estamos en un momento en el que el poder es extremadamente conservador, ya sea el de los Hermanos Musulmanes, el del Ejército, o el de Mubarak. Todos ellos conservan el mismo tipo de poder, y un poder conservador, en cualquier lugar, es contrario a las condiciones de las mujeres. El éxito de la revolución y de su proceso tendrá lugar si se hace algo positivo por todos estos antiguos asuntos, y uno de ellos es el referente a las mujeres.

¿Podríamos decir, tal y como menciona otro protagonista de su libro que, “lo que está por llegar es peor de lo que ya ha pasado”?

No estoy nada de acuerdo. El futuro es mucho mejor que el pasado. Soy una persona con muchas esperanzas puestas en el mañana.

Especial para M’Sur

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