Aniversario de una masacre

Entre el 16 y el 18 de septiembre de 1982, los campos de refugiados palestinos de Sabra y Chatila (situados en Beirut), fueron masacrados por la Falange Libanesa. Muchos señalaron a Israel como promotor ideológico de la matanza, y especialmente a Ariel Sharon, en aquellos momentos ministro de Defensa. Las tropas falangistas libanesas, para llevar a cabo la intervención, alegaron la búsqueda de supuestos “guerrilleros” de la OLP (Organización para la Liberación de Palestina). Sin embargo, esa supuesta búsqueda se convirtió en una campaña para asesinar, violar y torturar a civiles palestinos. Como cita Cadena Ser, el número de muertos ascendió a 3.500 (según la propia OLP), a 1.000 (según Cruz Roja) y a 700, según el ejército israelí.

Veinte años más tarde, un tribunal belga trataba de juzgar a Sharon como criminal de guerra por aquellos hechos, tal y como señala Pedro Martínez Montávez en el prólogo  de “Cuatro horas en Chatila” (Jean Genet).  Martínez Montávez cita las palabras de uno de los abogados encargados del caso, Shibli al-Mal.lat:  “Hemos encontrado pruebas concretas que demuestran que Sharon dio órdenes directas de limpieza de los dos campamentos de Sabra y Chatila […]”.

Horas después de la matanza, Menahem Begin, primer ministro de Israel en 1982, declaró: “En Chatila, en Sabra, unos no-judíos han masacrado a unos no-judíos, ¿En qué nos concierne eso a nosotros?”.

sabra y chatila

Aquí un fragmento de la crónica de Jean Genet:

“El amor y la muerte. Estos dos términos se asocian muy rápidamente cuando se escribe sobre uno de ellos. Me ha hecho falta ir a Chatila para captar la obscenidad del amor y la obscenidad de la muerte. Los cuerpos, en ambos casos, no tienen nada que esconder: posturas, contorsiones, gestos, expresiones, incluso los silencios pertenecen a uno y otro mundo.

El cuerpo de un hombre de treinta a treinta y cinco años estaba tumbado boca abajo. Como si todo el cuerpo no fuese más que una vejiga con forma humana, se había hinchado bajo el sol y por la química de la descomposición hasta inflar el pantalón, que amenazaba con estallar en las nalgas y en los muslos. La única parte de su rostro que pude ver era violeta y negra. Un poco más arriba de la rodilla, bajo la tela desgarrada, el muslo mostraba un tajo. Origen del tajo: ¿Una bayoneta, un cuchillo, un puñal? Unas moscas en la herida y otras alrededor. La cabeza, más grande que una sandía-una sandía negra. Pregunté su nombre, era musulmán.
– ¿Quién es?
– Palestino- me respondió en francés un hombre de unos cuarenta años-. Vea lo que le han hecho.

Tiró de la manta que cubría los pies y una parte de las piernas. Las pantorrillas estaban desnudas, negras e hinchadas. Los pies, calzados con botines negros desatados, y los tobillos atados fuertemente con el nudo de una soga -visiblemente resistente- de aproximadamente tres metros de largo, que yo colocaba para que la señora S. (americana) pudiese fotografiar con precisión”

sabra-shatila-masacre1

“Será muy fácil para Israel librarse de todas las acusaciones. Ya los corresponsales de todos los periódicos europeos se ocupan de excusarlos: ninguno dirá que durante las noches del jueves al viernes y del viernes al sábado se hablaba hebreo en Chatila”.

(Jean Genet, “Cuatro horas en Chatila”. 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s