¿Qué hubiera pasado si…

Por María Blanco Palencia y Lucía El Asri 

Si nos hubiéramos quedado? Esa es la pregunta que estos días circula por Ammán gracias a la iniciativa del grupo ماذا لو  بقينا,  ‘¿Y si nos hubiéramos quedado? ‘, que pretende fomentar el debate sobre cuál sería el presente de los palestinos si su pasado hubiera sido completamente diferente; si la historia de  su  identidad no se rigiera por la Nakba(*) y si Palestina no hubiera vivido el Sionismo .

Una exposición formada por 94 fotografías es el núcleo central del proyecto. Situadas en la galería Dar Al Anda, en Jabal Weibdeh, las fotos observan desde la altura el casco antiguo de la ciudad. Reposan, sostenidas por hilos caídos del techo, en dos amplias habitaciones iluminadas, repletas de espejos donde se recuerda una y otra vez el eslogan del proyecto. En la terraza, también hay espacio para las imágenes y para un baúl grande, de color azul viejo, llamado صندوق العجائب (una versión de ‘linterna mágica’). Tiene tres huecos redondos en la parte frontal y en la superior, una manivela que, al girar, muestra las imágenes de la exposición. Antes, presentaba imágenes del extranjero, para que los palestinos pudieran conocer el mundo sin moverse de casa.
En las imágenes queda retratada la historia de la Palestina anterior a 1947. En ellas se aprecia la convivencia entre culturas, que al final acaban siendo una: la cultura palestina. Palestinos, musulmanes, cristianos, judíos, israelitas, samaritanos y armenios son los protagonistas. El público puede deleitarse observando a músicos de todo tipo con instrumentos indescifrables. También puede pasar la tarde examinando un afeitado al más puro estilo tradicional, la particular forma de coser de las mujeres, de recoger aceitunas de los olivos, de fabricar cestos de mimbre, o de hacer cerámica. E incluso puede observar la indumentaria típica de la zona: los hombres, con su pañuelo, su daga y su capa; los cazadores, vestidos de blanco, con la escopeta, las botas altas negras y el pañuelo en la cabeza; las mujeres, con el cabello cubierto y sin cubrir. Pescadores, agricultores, médicos…
Se hace imposible elegir una entre todas. Varias imágenes llaman bastante la atención. En una de ellas, una mujer joven, con el cabello al descubierto (lo cual permite apreciar su rubia melena) hace cerámica. Es armenia y, como el autor de las fotos, huye de un pasado horrible marcado por el genocidio. En Jerusalén encuentra el apoyo y la acogida necesarios para seguir viviendo. Otra imagen destacable es la de una escuela Samaritana en Nablus que  «representa la lucha contra el sionismo dentro del judaísmo». Explica Ahmad al-Sholi, uno de los organizadores de la exposición, que la gente se refiere a ellos como judíos, pero ellos se oponen y se definen a sí mismos como israelitas, no israelíes. A pesar de todo, no lo hacen con odio o rencor, pues antes de la Nakba, el judaísmo y los propios israelitas formaban un grupo homogéneo dentro de Palestina. No eran algo diferenciado.

La idea de recordar Palestina «siempre está ahí», nos comenta Ahmad, pero en esta ocasión el recuerdo se basa en algo que normalmente se olvida: hay vida más allá de la Nakba. Hay historia más allá de ese momento histórico. Es por esto que en enero, un grupo de palestinos y jordanos (también con alguna vinculación personal a Palestina), pensaron en la posibilidad de recopilar fotografías de familiares para mostrar una pequeña parte de esa historia olvidada. Lo hicieron solos, sin apoyo financiero. Pero pronto se dieron cuenta de que sus recuerdos impresos no tenían ni buena calidad, ni el tamaño adecuado. La casualidad llevó al grupo a ponerse en contacto con la nieta de un fotógrafo armenio, Elia Kahvedjian, que huyó del genocidio en su país y llegó a Jerusalén en 1915, lugar que lo acogió tras perder a toda su familia y donde inició su carrera diez años después, en 1925, a la edad de 15 años. Desde entonces, dedicó la mayor parte de su tiempo a recorrer Palestina, documentarse y fotografiar los sitios visitados.
Ahmad nos explica que la exposición tiene un fuerte contenido político desde el primer día y que los organizadores reconocen este contenido político y lo han convertido en la herramienta que quieren utilizar. Considera que cuando se habla de la Nakba, se habla, al mismo tiempo, de sionismo. La exposición pone sobre la mesa varias cuestiones. Por un lado, quiere rebatir el argumento sionista que dice: «una tierra sin pueblo para un pueblo sin tierra». Recoger la historia de Palestina anterior a la Nakba permite demostrar la existencia del pueblo (palestino) y de su tierra (Palestina). La exposición, a su vez, quiere llamar la atención  sobre algo poco habitual, en un momento en el que la Nakba influye en la mayor parte del pensamiento político referente a Palestina. Y hoy en día es una necesidad descubrir todos los detalles de la verdad Palestina, detalles que ni los propios palestinos conocen, como insiste Ahmad. Ese deseo lleva a esta iniciativa.
Sin embargo, el proyecto ha generado varias críticas. Por un lado,  hay quienes piensan que con la iniciativa se intenta educar a los palestinos, y consideran a los organizadores «artistas elitistas» que quieren imponer una visión de la historia. La segunda crítica es que algunos ven la actividad como una ofensa a los palestinos. Sienten que el mensaje desprendido del título, «¿Y si nos hubiéramos quedado?», quiere  decir que los palestinos no tuvieron valor para quedarse. Pero el verdadero mensaje es que los palestinos no se centran en su historia por la magnitud de la Nakba, y necesitan redescubrirla. Ahmad es un buen ejemplo de ello puesto que, hasta los 20 años, no supo que su familia había estado refugiada.
El tiempo pasado refleja la verdadera cultura y rasgos palestinos. Se pretende hacer ver que la historia de Palestina es mucho más que su tierra, que el derecho de los palestinos no puede centrarse en algo material, pues se corre el riesgo de caer en soluciones materiales, y que ese derecho incluye un pasado cultural muy importante construido antes de 1947. « La tierra solo se presenta como un factor necesario para restaurar lo que teníamos y construir lo nuevo», determina Ahmad. A pesar de las críticas, la iniciativa está siendo muy bien acogida. El pasado domingo, el cantante y activista palestino Shadi Zaqtan visitó la exposición y ofreció un concierto a los numerosos asistentes.
Las actividades son sin ánimo de lucro y son los organizadores quienes corren con los gastos del  revelado de las fotos, de su transporte y de los actos complementarios que realizan estos días,  relacionados con el mismo tema. El único apoyo es el de 30 voluntarios procedentes de universidades e institutos, que se encargan de impulsar la iniciativa en las redes sociales y de explicar a los asistentes el significado de las fotos. El público que se ha acercado a ver la exposición ha tenido la posibilidad de adquirir las obras por un precio aceptable, dado su valor histórico, y también ha podido responder en un mapa gigante a la pregunta planteada por la iniciativa.

*Nakba: término usado para designar la expulsión forzosa de parte de la población autóctona de Palestina hacia campos de refugiados tras la guerra árabe-israelí de 1948.

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