ARGELIA 11/7/2012: Indecisión, temor y vuelta a las relaciones con Libia

Argelia continua indecisa en cuanto a extraditar o no a los familiares de Gadafi que acogió en agosto del 2011. Lo ha demostrado con su silencio en la última reunión de la Unión del Magreb Árabe, celebrada el 9 de julio de 2012 en Argel y liderada por el ministro de relaciones exteriores de Libia, Achour Ben Khayyal, que propuso discutir el asunto de las extradiciones de antiguos funcionarios del régimen de Gadafi para facilitar su enjuiciamiento en Libia. Mientras que Túnez ya ha tomado una postura firme al extraditar a M. Gaghdadi, exprimer ministro de Gadafi,  Argelia mantiene el asilo de parte de la familia  del dictador escudándose en  «cuestiones humanitarias».
A pesar de que las relaciones entre ambos países nunca fueron muy amistosas,  se habían mantenido estables con el tiempo aunque eran rivales políticos y económicos, ya que son los dos principales exportadores de petróleo y gas natural del norte de África a Europa. No obstante, el inicio de la revolución libia deterioró el diálogo entre los dos países vecinos por la indecisión de Argelia, cuyo Gobierno temía posicionarse y sufrir consecuencias relacionadas con la geopolítica, la seguridad y la estabilidad. Esos temores son los que hicieron  que Argelia fuera uno de los últimos países del Norte de África en reconocer al Consejo Nacional de Transición (CNT) de Libia, lo que no ocurrió hasta finales de 2011.Entre las razones relacionadas con la geopolítica, Argelia, perseguida por el fantasma de la ocupación francesa en tiempos de la colonización, surgió como una de las voces más críticas con la intervención de la OTAN en Libia y se opuso a ella. Además, consideraba que la presencia de fuerzas de seguridad extranjeras en Libia podría dar lugar a actos de espionaje en Argelia.Respecto a la estabilidad, Buteflika temía que un cambio no controlado en Libia pudiera  afectar a toda la región, y sobre todo a su país a Argelia, ya que, entre otras consecuencias, preveía la llegada descontrolada de refugiados libios. Por otra parte, temía que se resintiera la seguridad, puesto que daba cierto crédito a los avisos de Gadafi, que hablaban de las posibles influencias islamistas y extremistas en el CNT, y quería evitar que se  instalaran grupos terroristas en Libia y aprovecharan la inestabilidad para convertir el país en un nido de armas para al-Qaeda en el Magreb Islámico (AQMI). Además, la inexistencia de un ejército sólido en Libia podría generar inseguridad en la región en caso de que el arsenal armamentístico del país quedara desprotegido y cayera en manos terroristas (como parece estar ocurriendo en buena parte del Sahel).

Todo ello, aumentaba la desconfianza de Argelia, que temía ser la siguiente pieza en caer por los efectos de la primavera árabe, después de Túnez, Egipto y Libia. Mientras tanto, los rebeldes libios acusaban a Argelia de ayudar al régimen con apoyo financiero y militar, y de enviar mercenarios al líder libio para combatir la revuelta. Pero tras la muerte de Gadafi, a finales de 2011, se reactivó el diálogo entre ambos países, y en enero de 2012 se hablaba de la necesidad de mejorar las relaciones entre ellos y lograr, así, participar con eficacia en la «nueva era de la región».

De esta forma, en  marzo, el ministro argelino Mourad Medelci, visitó Libia para firmar un acuerdo de cooperación bilateral y hablar de la seguridad en las fronteras, lo que favorecía aún más el acercamiento. Ambos países decidieron desplegar patrullas conjuntas para vigilar la frontera que los une y solucionar la carencia de seguridad, y evitar el tráfico de armas y el paso ilegal de individuos. El 16 de abril, el presidente del CNT, Mustafa Abdeljalil, visitó Argel para continuar con las conversaciones y declaró que el pueblo libio nunca olvidaría el acercamiento iniciado por Argelia.

De momento, Argelia continúa sin avanzar en el tema del asilo de la familia de Gadafi, aunque los responsables han asegurado que dicha cuestión no afectaría a sus relaciones con Libia. Además,  ha anunciado que la empresa argelina encargada de la búsqueda, producción, transporte, transformación y comercialización de hidrocarburos, Sonatrach, que tiene derechos de explotación en la frontera con Libia y donde había suspendido los trabajos con el inicio de las revueltas, volverá a trabajar en Libia.

La necesidad de apoyo mutuo para garantizar la seguridad, en un momento en el que «Libia está aún en fase de preparación de dispositivos, guardia fronteriza y seguridad nacional», según dijo Mustafa Abdelyalil, llevan a ambos países a un acercamiento progresivo que les permite normalizar sus relaciones.  Pero Libia no puede olvidar que una parte de la familia de su antiguo dictador sigue custodiada por el país vecino, y ha lanzado una indirecta a Argelia al decir que agradecerá a aquellos que han respondido favorablemente a sus solicitudes de extradición. Esto  puede determinar el futuro de las relaciones entre ambos países porque, a pesar de su aparente acercamiento, si Argelia  continua en una línea de indecisión con la nueva Libia, podría aumentar su aislamiento regional.

 

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