Payasos sin Fronteras: Provocando la risa entre tiendas de campaña

Entre el 23 de abril y el 2 de mayo, un equipo de Payasos sin Fronteras se dirigió al campo de refugiados de Choucha, situado en Túnez, donde se refugian más de 3.000 personas, entre ellos 500 niños (150 de ellos sin familia). La mayoría son ciudadanos que huyeron hacia Libia por la mala situación de sus países de origen. Con la caída de Gadafi, también se vieron obligados a abandonar Libia. El conflicto y su piel oscura, (muchos de ellos son negros), convertía a estos civiles en el blanco de las represalias del bando triunfante. Durante el gobierno de Gadafi, los negros que vivían en Libia  eran considerados sus aliados. Muerto el presidente, la población negra de este país se ve perseguida, sea realmente seguidores del expresidente o no. Los ciudadanos desplazados hasta Choucha son civiles que nada tienen que ver con el conflicto ni con supuestos apoyos al régimen. Igualmente se ven perseguidos y desde hace 15 meses viven entre tiendas de campaña. Su futuro por el momento es difuso. Entre dificultades y la complejidad que supone vivir refugiado, la risa es la mejor aliada para, si no olvidar, deshacerse de los problemas durante unas horas.

 

En una zona semidesértica, a diez kilómetros de la frontera con Libia, un mar de centenares de carpas blancas da vida al campo de refugiados de Choucha. Una vida dura, sacudida por el viento, el calor y las tormentas de arena. Samuel Rodríguez es uno de los miembros de Payasos sin Fronteras que se desplazó hasta ese campamento, y ha compartido con AISH la experiencia del grupo durante su estancia en él. Comenta que la mayor parte de las personas residentes en el campamento son de origen africano- subsahariano que “trabajaban en Libia o incluso estaban presos allí”. A pesar de las duras condiciones de vida, según comenta Samuel, el espacio está bastante bien organizado y provisto en lo referente a alimentos y seguridad, “éste es un modelo de campamento comparado con otros en los que hemos estado anteriormente”.

El espacio se encuentra delimitado (pero no dividido con vallas) por sectores distribuidos según nacionalidades, especialmente (la población somalí se encuentra en un sector, la sudanesa en otro, etc). “Se juntaron en el campo poblaciones tradicionalmente enfrentadas, por lo que para evitar incidentes se decidió delimitarlo por zonas”. No obstante, existe un centro comunitario donde cualquier persona del campamento puede relacionarse con otra. Un lugar para intercambiar impresiones, divertirse… “es una ciudad de tiendas de campaña”.

Allí, Payasos sin Fronteras trabajó en los distintos sectores para que todo el mundo se sintiera cómodo y tuviera la oportunidad de ver el espectáculo sin tener que desplazarse. Ese trabajo era de dos tipos. Por un lado estaban los talleres, donde sólo podían participar niños y voluntarios (gente del propio campamento que quería ayudar en las actividades), y los espectáculos, para todos los públicos. Ambos tuvieron gran acogida.

Su principal objetivo es el de “rescatar la esperanza de esa infancia. Contribuir a la risa por la risa”. Y, al mismo tiempo, realizar una tarea de unión. Se trata de un “trabajo de integración”, donde incluso los más adultos acaban juntándose (aun siendo de diferentes tendencias o grupos rivales). La capacidad de los payasos de implicar a los asistentes en los espectáculos y de provocar la risa entre ellos “habla mucho de la universalidad de la risa y de lo estúpido del conflicto”. Samuel comenta cómo hace años, Payasos sin Fronteras lograron unir, por primera vez en muchos años, a serbios y albano kosovares que compartían escuela, pero nunca se juntaban en el mismo horario lectivo. “Los conflictos armados son una estupidez en mayúsculas. Están dirigidos a hacer daño y quienes más sufren son los niños”.  Ellos no son psicólogos ni terapeutas, pero consideran que el hecho de que “la risa pueda nacer, lo cambia todo. Compartir esa risa genera algo muy importante a nivel emotivo. Si a nosotros nos viene bien la risa, a ellos también”.

Su función es hacer que quienes lo están pasando mal se olviden de su situación. No hacen preguntas, no se inmiscuyen en la vida de los refugiados. Pero escuchan, distraen, y crean felicidad. Siempre teniendo en cuenta que las personas allí reunidas han vivido situaciones y dramas muy diversos. “Nuestra labor nació en campos de refugiados y es donde nos centramos. Allí, la posibilidad de recibir habitualmente un estímulo bueno a nivel emocional suele ser igual a cero, por eso el trabajo de los payasos es tan importante. De alguna forma, exportamos sonrisas”.

¿Por qué darle tanta importancia a la risa? Pues porque cuando te encuentras con un niño (caso real, de 15 años, sin familia) al que secuestraron en Libia para dormirlo y quitarle un riñón, que ahora se ve en un campo de refugiados, y continúa solo, esa risa es imprescindible para el niño.

Tras días intentando dar un aire más optimista al campamento, lo más duro para los payasos y los refugiados es decir adiós. Normalmente no suelen tener un contacto estricto con los refugiados, pero la convivencia acaba creando lazos de unión y amistad, especialmente con la gente joven y los voluntarios. “Las despedidas son tristes, especialmente porque en el 99.9% de las veces no vas a volver a ver a esa gente”.

Las expectativas de los refugiados son difusas. “Es complicado que vuelvan a sus países de origen porque huyeron de ellos. En un principio, serán expatriados a otros países, se supone que tienen que ser acogidos por EE.UU, Australia, Suecia… y también algunos de ellos por España”, entre otros países. Pero aún nada está claro.

En este blog puedes leer el relato de la experiencia de Payasos sin Fronteras en Choucha, Túnez, contada por ellos mismos, en primera persona. También podrás ver vídeos y fotos de sus actuaciones.

 

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2 comentarios en “Payasos sin Fronteras: Provocando la risa entre tiendas de campaña

  1. Precisamente hace un par de semanas vi el corto "Viaje al Planeta Rojo", un documental sobre Payasos sin Fronteras. Además, su director, Sánchez Alonso, estuvo contando cosas y la verdad es que hacen una labor muy bonita. Ojalá no fuera necesaria.

  2. Bueno, hacer reír siempre es necesario..pero tienes razón, las condiciones de esta gente son muy crueles..Sí, a mi también me parece que su labor es preciosa, la verdad.

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