Los hombres libres, oprimidos entre árabes

مَا يش اَلجَير غِير بَا بنش
Proverbio bereber: “Cada uno acaba recogiendo lo que produce”
En esta ocasión hemos querido conocer quiénes son los amazigh o bereberes y cuál es su situación en dichos países. Para ello hemos conversado con el marroquí Said El Farisi (‘Sefaw’, en bereber) e Idir Boundaoui, natural de Argelia.

A pesar de su nacionalidad de origen, ambos son bereberes. La principal diferencia entre ellos radica en la identidad que cada uno define para sí mismo. Mientras que Said reivindica su sentimiento como marroquí, Idir afirma no considerarse argelino, tiene su propia definición de estado: “Ser argelino o marroquí es algo administrativo que no tiene relación con mi identidad y por ello nunca me he sentido identificado como tal. Yo soy bereber”.

Existen ciertas discrepancias sobre los verdaderos orígenes de los amazigh. Idir nos explica  que para algunos estudiosos los bereberes provienen de la zona de Etiopía y el Cuerno de África, mientras que los arabistas consideran que nacen en Yemen, aunque la teoría más aceptada sostiene que lo hacen en el norte de África. Los árabes, por su parte, serían los procedentes de la península arábiga.

“Los amazigh son los auténticos del norte de África”, explica Idir. Son hombres libres en tierra libre que nunca han tenido reino o estado propios, “que en situaciones de guerra o crisis se unen para resolver los problemas o luchar por su libertad”, y se definen por la autogestión de su economía, política, sociedad y cultura. “El término amazigh es el que identifica mi relación con la tierra”, explica Said. Habla del norte de África que él no califica como mundo árabe sino como conjunto de países norteafricanos. Viven en una amplia zona llamada árabe, pero consideran que “el hecho de haber pasado por un proceso de arabización no significa que sus habitantes dejen de ser bereberes”.

Idir define la identidad bereber como aquella con libertad propia, la de aquellos que no quieren estar bajo ninguna opresión y luchan por ser libres. Tienen gran compromiso con su cultura, uno de los aspectos qué más defienden por ser este un elemento clave de sus raíces y que los diferencia del resto de etnias de África y Oriente Próximo. Said, además, añade la importancia del idioma tamazigh y la pertenencia a una historia y zona geográfica comunes.

Desde el punto de vista oficial se considera que los  países del norte de África están conformados en su mayoría por árabes y en su minoría por bereberes. Desde el punto de vista de los bereberes, la consideración se toma de forma contraria.

Para Said, el término Marruecos es bereber, proviene de “Morracos”, ‘Tierra de Dios’, explica. Él identifica a los bereberes con los marroquíes porque considera que los ciudadanos de Marruecos son en su mayoría, al menos por cuestiones históricas, bereberes. “En Marruecos la gente que habla el dialecto marroquí no deja de hablar un bereber con lenguaje árabe, porque fueron los bereberes quienes intentaron aprender el árabe que se enseñaba en las mezquitas y que se impuso en diferentes instituciones con la arabización”, comenta.

Marginados y oprimidos por la arabización

Afirman que su relación con los árabes es difícil, incluso está mal visto que un árabe y un bereber se casen. Esto se debe a que la etnia bereber se siente oprimida y marginada en esos países convertidos en lo que son tras el proceso de arabización. El predomino e imposición de la cultura, lengua e instituciones árabes sobre las minorías de regiones provocan el desplazamiento de los que, como bereberes, no se identifican con lo árabe, “desde la arabización es fácil dominar”, y “se impuso el arabismo como punto de unión pero fue un error porque cuando impones una identidad matas a las demás”. De ahí  que surja la tendencia proteccionista de la cultura bereber frente a la árabe, considerada como invasora. “Algunos de los bereberes, como los de la tribu de La Cabilia en Argelia (al-Qabail) nunca se han relacionado con otras culturas invasoras, siempre han rechazado todo lo que venía del exterior porque para ellos significaba una amenaza contra su tradición y existencia como tal”, destaca Idir. Esto ha llevado desde hace décadas a enfrentamientos entre los que arabizaban y los que rechazaban esa arabización que consiste no solo en imponer la cultura árabe como única sino que lleva integrado un proceso de islamización impuesta a los ciudadanos del Norte de África . Es el caso de Argelia.

Nos cuenta Idir que en ese país el movimiento reivindicativo amazigh comenzó durante la colonización francesa, cuando tuvo lugar un movimiento “berberista” para luchar contra esa arabización e islamización “Los bereberes no aceptamos esa imposición porque ni somos árabes ni nuestra práctica religiosa es parecida a la de los árabes musulmanes”. Con la repartición de Argelia y los diversos choques entre tribus y líderes, la región bereber quedó en el centro. Ahora existe un momento de autonomía, surgido tras la “revolución amazigh” que tuvo lugar en el país en torno al año 2000, aunque consideran que la fecha clave de todos los bereberes del norte de África es el 20 de abril de 1980, cuando surge un organizado movimiento internacional de lucha bereber. Antes, sin embargo, “la lucha no estaba tan internacionalizada ni mediatizada  en el exterior”

Para Said e Idir el problema no está entre los árabes y los bereberes, ellos dicen respetar cualquier cultura y etnia, pero consideran que las diferencias se tejen desde arriba.

Miedo al bereber y su potencial

Más allá de la imposición de una cultura, lengua o religión, lo que ha tenido lugar ha sido la “deslegitimación de otra cultura y lengua, pues son los de arriba los que impiden que árabes y bereberes lleguemos a un consenso. Ellos quieren seguir teniendo el poder”, comenta Idir, “nunca ha habido un proceso de integración de los diferentes pueblos”. Quizá esto se debe a que tienen miedo de varias características de los bereberes. “Nosotros no imponemos nada y tenemos una verdadera organización política, social y económica. Se trata de toda una estructura muy definida desde la familia, el pueblo, el barrio, que incluso llega a ser federal”. Por el contrario, en opinión de Idir y Said, la organización fuera de los pueblos bereberes es casi inexistente. Tienen su propia función dentro del estado. Fue a partir de los  ochenta cuando los bereberes de los diferentes países empezaron a juntarse para  coligarse entre ellos pero sin cambiar la estructura política de cada pueblo. Simplemente planteaban las mismas reivindicaciones culturales, especialmente. Como caso particular, Idir explica que en Argelia (año 1994), tuvieron un “año blanco” en el que rechazaron el sistema educativo y durante ese tiempo los niños no fueron a la escuela general. En ese periodo la enseñanza de los estudiantes bereberes se llevó a cabo en centros culturales y asociaciones donde aprendían la cultura amazigh.

Por otro lado, afirman que la aceptación de dicha cultura y lengua bereber cuestionaría el proceso de islamización y arabización del norte de África. “Lo que temen ahora es que con el bereber se transforme todo su sistema político y pierdan el poder que tienen”.

“Se defiende un mundo árabe que nunca ha existido, hasta los que lo defienden no se lo creen porque es una mentira”. No es una cuestión de árabes, “la posición de los gobiernos centrales perjudica a todo el pueblo”. De alguna forma, “los bereberes crecen sabiendo que están siendo machacados y que tienen que sacar lo mejor de ellos mismos para hacerse fuertes”, dice Idir, a lo que Said añade que ni siquiera en la entrada de los musulmanes a al-Ándalus se reconoció el esfuerzo de los bereberes ya que siempre han sido algo que “molesta”.

¿Con quién tienes más en común, con un amazigh de Libia o con un argelino de Argelia?

Idir: “No, no, un argelino de Argelia no podemos decir. Digamos un árabe de Argelia y ya está. Cada uno tiene sus conceptos. Yo pregunto ¿por qué eres argelino, qué diferencia tienes con un marroquí que vive justo al lado? Solo son fronteras”.

¿Tú con quién te identificas más, con un marroquí que no sea bereber o con un bereber que no sea marroquí?

Said: “Yo me identificaría con un bereber del norte de África. No lo haría con un marroquí que defiende el arabismo. Pero es que mis vecinos son todos bereberes. Aunque el que habla dariya defienda la identidad árabe, cosa que yo respeto, yo intentaré argumentar y concienciarle de que su identidad es bereber, porque él es fruto de un proceso de limpieza de identidad”.

Religión

Said e Idir explican que en el tema religioso existen muchas diferencias entre los musulmanes bereberes y los musulmanes árabes. “Nosotros somos más tolerantes, por ejemplo, respecto a las mujeres”. Según dice Idir, normalmente aquellas mujeres que usan velo son árabes y las que no lo hacen son bereberes, “la mujer bereber nunca ha llevado velo, nunca se ha tapado la cara”. Para los bereberes, añade Said, “la cuestión religiosa no es lo más preocupante, sino un elemento más de identidad” y destaca que la única población que ha pasado por tres religiones ha sido la bereber (fueron judíos, cristianos y musulmanes). De hecho, “uno de los filósofos más conocidos en el ámbito internacional y que más ha aportado a la religión cristiana es San Agustín, y era bereber”.

De alguna forma, catorce siglos de arabización permitieron a las gentes del norte de África asumir “la religión islámica como identidad árabe”. Para mucha gente de esa región ser árabe significa ser musulmán, “algo falso, puesto que esta es una relación mal planteada, no tiene nada que ver”.

Inconformidades

Tanto en Marruecos como en Argelia se han llevado a cabo políticas dirigidas a reconocer el bereber como lengua, pero “luego no se le da verdadera importancia a su generalización, en la escuela por ejemplo”, dice Idir. En Marruecos, el movimiento bereber “llama desde hace décadas a la monarquía parlamentaria, a la separación de poderes, reconocimiento de su identidad, a que se admita la herencia histórica de nuestro pueblo”, dice Said, y afirma que se reconoció el bereber como idioma oficial en 2011 pero esto no se hizo para nada más que para “calmar las voces reivindicativas”.

Los bereberes también están en desacuerdo con el nombre que se ha impuesto a las revoluciones que están teniendo lugar en el norte de África y Oriente Medio, «yo llamaré a este proceso “primavera norteafricana” porque tanto árabes como no árabes han participado en romper los regímenes dictatoriales», dice Said, que considera que establecer una definición para ese proceso supondría caer en el error de imponer parámetros. Alude al ejemplo marroquí diciendo que en Marruecos “las zonas donde hay más mártires son zonas bereberes puras, ¿por qué vamos a falsificar el esfuerzo y las vidas de esas gentes?”.

La solución que ellos plantean radicaría en la convivencia y el multiculturalismo. “Marruecos sin tamazigh no es una democracia porque esto es una realidad histórica, social y cultural que nadie puede negar”. Dan la bienvenida a cualquier colectivo siempre desde el respeto de su identidad originaria y destacan que, el hecho de defender el bereber no significa “cerrarse, aislarse o apoyar un nacionalismo, sino que haya la misma parte de cada elemento y predomine la igualdad”. Reivindican la necesidad de dar la oportunidad a todos los sectores de población a participar y reconstruir la sociedad.

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