“Tejer redes de complicidades con el mundo árabe es imprescindible en este mundo en el que ya no quedan pueblos aislados” Fermín Muguruza

Foto. Tunez, La Goulette. Fermín Muguruza, Jordi Abusada y Badiaa‏

Foto de Fermín Muguruza

Esta es una entrevista a Fermín Muguruza, músico vasco y director de Checkpoint Rock. Canciones desde Palestina, que ha ganado el Premio al Mejor Documental Nacional en el Festival In-Edit 2011 de Barcelona con Next Music Station: Morocco.

Next Music Station es una cadena de documentales promovidos por la cadena de televisión Al Jazeera que reflejan la diversidad de los países árabes a través de su panorama musical. La serie documental presenta un recorrido desde los sonidos más tradicionales hasta los más modernos entre Marruecos y Líbano, pasándo por Túnez, Egipto, Sudán, Yemen, Siria, Bahrein y Kuwait.

¿Por qué decides dirigir el proyecto Next Music Station?

Tras la proyección de la película CHECKPOINT ROCK en el festival Cines del Sur de Granada conozco al director de contenidos de la cadena Al Jazeera Documentary Channel que se interesa por la película. Tras negociar su proyección, me ofrecen desde la cadena la posibilidad de producir y dirigir una serie documental sobre la música en los países árabes tomando como referencia el trabajo realizado en Palestina. Se trataría de un proyecto de 13 documentales de 52 minutos a realizar en un año. En un primer momento me parece algo irrealizable en tan poco tiempo, pero acudo a mi equipo de guerrilla documental, y nos lanzamos a la aventura.

¿Con qué apoyos económicos y políticos contaste?

Los documentales son un encargo de la cadena Al Jazeera que financia el proyecto y la realización de la serie es responsabilidad de la productora independiente TALKA Records&Films que se encargará de toda la logística, buscar los productores locales, la infraestructura de trabajo, la documentación, el rodaje, edición y la entrega de los documentales finalizados. En cuanto al apoyo político, solo lo recibimos abiertamente en el Líbano por parte de una organización concreta.

 ¿Cuándo empezasteis a rodar los diferentes documentales? ¿Con qué orden? ¿Cómo se hizo la selección?

Noviembre y diciembre del 2009, y enero y febrero del 2010 fueron meses dedicados exclusivamente a la preproducción, documentación, búsqueda de contactos, grupos, realización de planes de trabajo, etc. Y en marzo del 2010 estábamos rodando en Egipto.

La selección de países que cubriríamos y los documentales que les dedicaríamos los definimos en diciembre del 2009, y el orden que seguimos fue el siguiente: Egipto (2 documentales), Túnez (uno), Marruecos (dos documentales), Argelia, que tenía dos documentales pero que no pudimos realizar pues nos fue denegado el permiso de rodaje y la visa de entrada en el país, Líbano (2 documentales), Siria (un documental), Kuwait y Bahrein (un documental para los dos países), Yemen (un documental) y Sudán (un documental). La selección se hizo en base a la aportación musical de cada país, y de ahí que unos países tuvieran los documentales que he mencionado. En cuanto al orden, solo tenía claro que debía comenzar en Egipto, por el peso que siempre ha tenido este país en el universo simbólico cultural árabe, por su fuerza visual y cinematográfica, pero sobre todo por ser el país de Umm Kulthum, la referencia que todos los músicos mencionarán en todos los países como influencia absoluta.

Para quien no haya tenido la oportunidad de verlos, ¿Podrías hacer un resumen de lo que se habla en ellos? ¿Y concretamente en Next Music Station: Morocco?

Son películas que muestran los mapas sonoros de los países que visitamos, desde las expresiones tradicionales, a las últimas aportaciones de los jóvenes con sus nuevas tendencias musicales.

En cada país una persona relacionada con la escena musical se encarga de hacer el trabajo de anfitrión e irnos presentando a los diferentes músicos que nos encontraremos en los viajes musicales que proponemos.

En el caso de Marruecos, esta responsabilidad recae en la figura de la joven cantante OUM, la cual me enviará una canción a modo de carta, invitándome a conocer los diferentes colores y músicas de su país. De esta manera y durante el primer documental realizaremos un recorrido en formato de road-movie comenzando por la puerta de las puertas de Marruecos: Tanger, para después conocer Tetuán, Mekness, Rabat y Marrakech a través de los músicos y su música. El segundo documental se centrará en la ciudad de Casablanca, auténtica capital cultural del país, donde el festival L´Boulevard tendrá una importancia considerable. De esta manera conoceremos tanto la música Gnawa, como la Chaabi, la Haouara, la clásica oriental, el hip hop, la emergente escena de fusión, el hardcore-punk y a los míticos fundadores de los grupos Jil Jilala y Nass el Guiwane, todo en un constante vaivén entre la firme tradición y la modernidad de vanguardia.

¿Cuál era vuestro objetivo con su producción?

La música es una herramienta increíble para reunir a la gente y poder aprender sobre los demás y sus diferentes culturas. En un momento en el que los líderes euopeos proclaman a los 4 vientos que el multiculturalismo ha muerto,  dar a conocer una parte del mundo asociada muchas veces, por los medios de comunicación interesados, a estereotipos negativos, creo que es un trabajo imprescindible para combatir la ignorancia. Solo conociendo y respetando las diferentes culturas del mundo podremos construir un nuevo sistema de relaciones entre los pueblos.

¿Cuáles son las principales dificultades a las que te has tenido que enfrentar a la hora de dirigir este documental? ¿Y la política en general (me refiero a las dificultades para grabar en algunos países por la implicación de Al Jazeera en el proyecto)?

El principal problema fue el no saber si contaríamos con los correspondientes permisos de rodaje para poder llevar a cabo los documentales. Mientras estábamos rodando en un país gestionabamos los permisos de los siguientes, y la ansiedad de no saber si lo podríamos hacer, más el gasto que suponía tanto físico como económico pues adelantábamos boletos de avión, trabajo con productores locales, etc…nos mantuvo en un estado de incertidumbre constante y nerviosismo que afectaba todo el trabajo que íbamos desarrollando. Al Jazeera no nos proporcionaba ningún tipo de apoyo logístico ni de producción local, y encima el hecho de que la serie fuera para la cadena, hacía que todos los trámites fueran tortuosos debido al rechazo que provocaba este hecho a las autoridades de prácticamente todos los países que íbamos a visitar, salvo Líbano y Siria. Para Egipto conseguimos los permisos dos días antes del viaje y cada día teníamos que presentar el plan de rodaje en el ministerio de información, teniéndonos que acompañar alguna persona del Ministerio cada vez que rodáramos exteriores. En Túnez nos dieron el permiso al aterrizar en la capital, y antes se habían encargado de llamar a todos los músicos para advertirles que sabían que iban a grabar con nosostros, a modo de aviso para navegantes, es decir, atentos con lo que decís. En Marruecos tuvimos retenido todo el material en el aeropuerto de Tánger durante tres días. En Argelia no solo no nos dieron el permiso de rodaje sino que se nos denegó la visa de entrada, cuando ya teníamos preparado todo el rodaje y las citas con los músicos estaban hechas. En Bahrein nos retuvieron todo el material en la frontera, prohibiéndonos rodar, pero como nos dejaron entrar, nos hicimos con el material necesario y grabamos clandestinamente. En Yemen nunca nos creyeron que estuviéramos interesados por su cultura, y desde que nos despertábamos hasta que nos íbamos a dormir estábamos “vigilados” pues insistían en que lo que nos interesaba era Al Qaeda. Y para entrar en Sudán tuvimos que realizar 3 visitas a la embajada de Madrid, y esperar hasta el último día para que nos dieran los visados de entrada, teniendo que visitar nada más llegar a Khartoum, a las autoridades competentes para reglar nuestro plan y que nos dieran el correspondiente permiso de rodaje.

 ¿Qué te aporta el mundo árabe en tu faceta profesional?¿Alegrías y decepciones?

Como músico siempre he ido a la búsqueda de nuevos sonidos, de nuevas maneras de entender la música. Como documentalista, creo que el género cinematográfico documental es una herramienta imprescindible para como la propia palabra define, registrar y documentar la realidad, y dejar testimonio al que se pueda acudir cuando queramos saber de situaciones específicas o momentos históricos concretos. Las dos facetas convergen en mi caso en la característica de cronista de una época, y siempre sigo la idea del proverbio africano “mientras los leones no tengan historiadores, las historias de cacería siempre glorificarán al cazador”.

Las alegrías son muchas, pues el simple hecho de compartir la creatividad es algo indescriptible. El que músicos del mundo árabe hayan querido abrirme las puertas de sus casas, países y corazones, para una persona que como yo entiende la vida como el arte del encuentro, es una experiencia que no tiene precio. Después, toda la relación que he seguido teniendo con todos los músicos, los cuales me fueron contando como participaban en el denominado Ministerio del Pueblo en la kashba de Túnez, o como actuaban en la plaza Tahrir del Cairo, o como se manifestaban en la ahora destruida Plaza de la Perla de Manama en Bahrein, pues ha sido muy esperanzador a la vez que dramático por el alto coste en número de muertos que están teniendo las revueltas.

Tejer redes de complicidades con el mundo árabe, en latinoamérica,  con todos los de abajo y a la izquierda como dijeran los zapatistas, es imprescindible en este mundo en el que ya no quedan pueblos aislados. No olvidemos que las revueltas antes que en Túnez, comenzaron en Grecia, contra la dictadura de los mercados.

Por otro lado, y en cuanto a las decepciones estaría el giro que realiza la cadena Al Jazeera tras la intervención de la NATO en Líbia, que rompe la siempre defendida independencia de su línea editorial, fundiéndose con la política exterior de Qatar, provocando la salida de su anterior director general Wadah Khanfar en septiembre y colocando en ese puesto a un miembro de la familia real catarí y ejecutivo de Qatargas.

En otro orden de cosas, me inquieta conociendo la propagación de la extrema derecha occidental, el que en los países árabes los salafistas cada vez tengan más apoyo, y se manifiesten, en la Túnez post-revolución, abiertamente contra la proyección de la película Persépolis de Marjane Satrapi, por poner un ejemplo, o que hayan comenzado a atacar la expresión musical en general, definiéndola como la trompeta de Satán.

 Háblanos de Checkpoint Rock. Canciones desde Palestina, por favor. ¿Qué significó para ti (personalmente) dirigir esta película. ¿Y a nivel profesional?

Significó poder cumplir la promesa que me hice y que la ocupación israelí se encargó de sabotear en mi primer viaje en 2002, que suponía el encontrarme con los músicos palestinos, conocerlos, compartir su música, y difundirla. A nivel personal me unió para siempre al pueblo palestino, a su cultura, sufrimiento y lucha. Y a nivel profesional, la constatación de que hoy en día, el medio audiovisual es mucho más poderoso que el registro sonoro.

 ¿Sigues en contacto con sus protagonistas? ¿Cómo?

Sí, por supuesto. El grupo DAM colaboró en mi disco y ahora yo les estoy ayudando en el suyo, Le Trio Joubran actuaron hace poco en el Festival Amal de Galicia, Amal Murkus me acaba de enviar su disco, cada vez que alguien viaja a Nablus me trae recuerdos de Habib, Kher de Akka siempre se conecta conmigo, los miembros de Khalas también, con Safaa de Arapiyat estoy continuamente en contacto y espero que actue en Madrid en el 2012 en un festival organizado por los amigos de Fabricantes de Ideas, con Ayman de Gaza también me escribo, con todos, vamos. Uno de los momentos más importantes de mi vida fue el poder levar la película a presentarla a Ramallah, y actuar junto a los músicos protagonistas en sus diferentes ciudades. Y en caso de que volviera a organizar una gira musical, tengo claro que intentaría que uno de los conciertos fuera en Palestina.

 ¿Estás pensando en algún nuevo proyecto o ya estás involucrado en alguno?

Sí, tengo un par de borradores, pero necesito trabajar en profundidad en ellos y es por eso que esta entrevista es la última que haré, dándome una tregua de varios meses, pues atender los numerosos requerimientos que me hacen, al final, imposibilita que me pueda concentrar en los nuevos  proyectos que quiero desarrollar.

Profesional y personalmente, ¿Qué has logrado ganando el Premio al Mejor Documental Nacional en el Festival In-Edit 2011?

Teniendo en cuenta el prestigio del festival In Edit de Barcelona y sus diferentes ediciones en Berlin, Santiago de Chile o Sao Paulo, el premio supone un reconocimiento al trabajo cinematográfico que llevo realizando en los últimos 6 años, y un empuje tanto profesional como emocional  muy grande, para los próximos retos que me marque.

Por Lucía El Asri
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