Niños sirios tras la pancarta y el altavoz

 

Un domingo cualquiera niños corrientes juegan en el parque, pasan el día en casa de sus abuelos, comen con sus primos, o dan un paseo con sus padres. Pero Rania, Sanaa, Abude, Asmaa, Fatiha y Layla (pseudónimos) no lo hacen. Ellos viven la guerra desde la distancia.

Rania tiene diez años, su hermana Sanaa, siete. La más pequeña es tímida y apenas habla. Casi no sabe por qué se manifiesta todos los domingos frente a la Embajada de Siria en Madrid ni quién es Bachar Al Assad, aunque tiene claro que “es un señor muy malo”.  Sanaa siente que concentrarse es algo justo y, junto con el resto de su familia, no queda excluida de las protestas: “Mi tío ha muerto y está muriendo mucha gente, por eso vengo”. Sigue leyendo

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