"El pueblo árabe volverá a recuperar la libertad que perdió por esa maldita cosa llamada petróleo"

Entre los días 24 y 29 de octubre de 2011 tuvo lugar en Santiago de Compostela el Festival Internacional de Cine EuroÁrabe Amal que lleva celebrándose desde 2003 y es organizado por la Fundación Araguaney-Puente de Culturas. En AISH hemos tenido la oportunidad de entrevistar a su director, Ghaleb Jaber Martínez que nos ha contado de forma más personal en qué consiste este Festival y cómo se viven los días de proyección de películas en Santiago. El eslogan “Pan, cine y libertad” puede leerse en la página oficial, y es que este año el cine no solo tiene la impronta social característica de las películas árabes, como nos comenta Ghaleb, sino que también se ve salpicado por las actuales revueltas pacíficas.

 

Ghaleb comenta cómo el Festival utiliza el cine entendiéndole como un lenguaje universal “dadas esas pequeñas historias humanas que nos conectan”. Cree en un cine a través del cual se pueda empatizar con el público y hacer que éste entienda y se haga preguntas acerca del mundo árabe que “desgraciadamente siempre sale deformado”. “Amal ofrece cine de calidad y, además, acerca a las personas”.

Los objetivos de este año 2011 no han variado con respecto a las 9 ediciones anteriores. Los principales son la fuerza de las culturas y el diálogo como principal medio para resolver problemas,  “a veces los problemas, el miedo, los prejuicios…vienen a raíz del silencio que se crea entre las culturas y nosotros luchamos para evitarlo”.

Este año han destacado películas de todos los géneros, desde comedia o drama hasta acción. “Es un Festival muy variado igual que lo es el mundo árabe, terreno con una gran diversidad cultural y personal que muchas veces no quedan reflejadas en los medios”. Las películas seleccionadas para participar en él siguen todo un proceso de estudio. Después de recibir las películas, Amal organiza un pequeño comité de pre-selección en el que están representados diferentes actores de la sociedad (universitarios, trabajadores, gente del mundo árabe…) que las visionan y valoran. Después, Amal decide qué películas no solamente gustan sino pueden llegar al público y transmitirle alguna idea nueva, abrirle el apetito de la curiosidad.

El director de Amal nos habla de algunas de las películas del Festival. Cairo exit (La salida de El Cairo), es una película de Hesham Issawi que fue rodada antes de la revolución, puramente en la clandestinidad por las calles de El Cairo. “Retrata muy bien el ambiente de opresión e inmovilismo social existente bajo el régimen de Mubarak”. Relata la historia de amor entre una chica cristiana y un chico musulmán y, “fue muy valorada por el público con aplausos y su voto”. La película ganó el premio a mejor cortometraje de ficción ex aequo junto con Son of Babylon, y Marhyam (actriz), recibió el trofeo a la mejor actriz por su interpretación. Egipto es un país con una larga tradición cinematográfica, comenta el director de Amal, producción que sin embargo se ha visto mermada porque el cine suele hacerse en una situación de libertad.

Otra de las proyecciones señaladas por Ghaleb fue el documental This is my land…Hebrón (Hebrón, esta es mi tierra),  que representa la realidad de los palestinos que viven en esta ciudad “tan emblemática y milenaria, que es el único caso de una ciudad que vive con colonos dentro. Viendo este documental se entienden muchas cosas. Hasta que no solucionemos ciertas cosas, como el conflicto real que es la ocupación, no va a haber un camino hacia la paz en Oriente Medio”, comenta. Cuenta este director cómo impactó la proyección en el público puesto que “no se trataba de unas bombas tiradas contra gente inocente, sino de la ocupación de la vida de esa gente. Retrataba a personas que viven un infierno diario. Finalmente consiguió el premio al mejor largometraje documental y el del público. Según comentó Ghaleb, Palestina es el país árabe de donde más películas hay, aunque no se conozcan. Esto ocurre por la necesidad de contar lo que les pasa y se traduce en un gran número de documentales y de películas de ficción que se presentan al Festival.

“El cine árabe siempre trata temas reivindicativos que hacen reflexionar sobre lo que pasa en la sociedad árabe, porque es un cine social, tiene esa maravillosa característica”. Las revoluciones tienen mucha representación en forma de documental dentro del Festival, un ejemplo es “Erhal. Diario de la plaza Tahrir”, donde se recoge lo acontecido en El Cairo durante la caída de Mubarak  y el inicio de las revueltas de esa primavera árabe. Otro documental es el de Mourad Ben Cheikh, “Basta de miedo”,  que homenajea al pueblo tunecino tras la inmolación del joven Mohammed Bouazizi y la revuelta y “retrata muy bien ese proceso de pérdida del miedo de la población para sacar del poder a un dictador que llevaba tantas décadas adherido a él”.

Amal es  social en esencia, “es un fenómeno que atrae a mucha gente”,  en él colaboran voluntarios, desde estudiantes de la Universidad de Santiago a cualquier persona “que se acerca para ofrecernos su tiempo a cambio de un sueño que todos compartimos”. Es como un “miniejército de voluntarios”.

Estos voluntarios trabajan con la misma finalidad, sin importar su cultura, religión o raza” es algo muy bonito. Cuando ves a una chica palestina trabajando como voluntaria te alegras y dices: esto también es Amal”.  El público del Festival es muy variado, jóvenes, gente mayor, árabes, españoles, alemanes, americanos…”nuestro público es estupendo”. Después de cada película tiene lugar un coloquio entre ese público y el director, lo que supone un gran paso para el acercamiento entre culturas, especialmente cuando el coloquio se escapa del argumento del guión cinematográfico y al público le surge el interés de saber cómo vive la gente de un país determinado, qué está pasando, qué siente, “muchas veces no se trata de hablar del mundo árabe sino de hablar con el mundo árabe, esa sutil diferencia es lo que precisamente marca la diferencia de las consecuencias que puedan tener los diálogos.. Dice Ghaleb que el cine de Amal y todo lo que le rodea se convierte en una especie de “representación de la sociedad universal más cosmopolita” que permite al público sentir que puede cambiar el mundo porque “la única forma de cambiar una cosa es comprometiéndose con ella”.

“Amal intenta difuminar las barreras que muchos crean entre el mundo árabe y el occidental, no hay mejor forma de luchar contra ellas, contra los prejuicios y contra el miedo que rompiendo el silencio y haciendo que la gente se conozca una a otra. Vivimos en una sociedad cada vez más interconectada, somos más conscientes los unos de los otros y eso para lo bueno y para lo malo traza un nuevo camino en las relaciones. Creo que esto es lo que va a hacer que la gente muestre más interés por el prójimo, más empatía, y de hecho es el único camino para lograr una salida común a esta situación, no sólo dentro del mundo árabe sino a nivel internacional. La gente se da cuenta de que las cosas tienen que cambiar de una manera o de otra, y el hablar y el establecer contactos creo que es la única manera de que esos cambios lleguen a buen puerto”.

Amal, que significa `Esperanza` no consiste únicamente en la proyección de películas, sino que el Festival se complementa con concursos y cursos puesto que la cultura árabe hay que degustarla a través de los sentidos. La semana gastronómica árabe es un clásico, pero este año además también se han impartido cursos de cocina, caligrafía, danza y el concurso Amal Express que daba la oportunidad a estudiantes o creadores de hacer un cortometraje en 96 horas, durante el periodo del Festival.

El Festival llegó a su fin el día 29 de octubre con la entrega de premios Flor de Amal.

Lo que está ocurriendo actualmente en los países árabes es un proceso comenzado que no se va a detener hasta que todos los países árabes encuentren su libertad ya que la libertad es el estado natural de los pueblos, mantener a un pueblo oprimido es antinatural, por tanto, no sé si las cosas se solucionarán en un año, dos, diez, pero esto es un camino sin retorno y el pueblo árabe volverá a recuperar la libertad que tuvo hace tantos años y que perdió por culpa de esa maldita cosa que se llama petróleo,  finaliza el director.

 
Por Lucía El Asri
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